jueves, 9 de mayo de 2013

Un cuarto de siglo sin Pirri, y algunas de las noticias que se publicaron.

Veinticinco años hace hoy que mi actor favorito del cine quinqui ya no está entre nosotros.

La noche del 9 de mayo, su cuerpo, muerto o medio muerto, lleno de moraduras y arañazos, fue abandonado en un descampado, con una jeringuilla colgando del brazo y dos papelinas de heroína adulterada sobre el pecho. Primeramente, se dijo que murió de sobredosis, para indignación de la familia y de sus allegados. Hacía meses que Pirri estaba mucho mejor; él decía que había dejado la droga, su familia también. Físicamente se le veía muy recuperado de la espeluznante imagen de piel y huesos que nos dejó en Sé infiel y no mires con quién. Eloy de la Iglesia exigió públicamente que se investigara su muerte, tras lo que el forense confirmó que no había muerto de sobredosis, si no porque le habían adulterado la droga. Dado que las circunstancias eran sospechosas, se abrió una investigación policial, que quedó sin concluir.




Probablemente, ya nunca se llegue a saber la verdad. Sea como fuere, una gran persona y un grandísimo actor se perdieron para siempre en una noche como la de hoy. También la vida de Toño Martín, el cantante de Burning, se apagó el 9 de mayo. El día 10 de mayo de unos años después le seguiría Pepe Risi. Sin embargo, también tuvieron tiempo de dejarnos su esencia, su alma, atrapada en pantalla:


A nosotros nos queda la labor de hacer que sean recordados, de que su arte no caiga en el olvido. Que en paz descansen, allí donde estén.

GRANDES PIRRI, TOÑO Y PEPE RISI, siempre en nuestros corazones.

viernes, 22 de marzo de 2013

Recortes del pasado. José Luis Manzano.

Entrevista sin desperdicio a Pedro Cid, el cura que ayudó a José Luis Manzano en el infierno que fue el final de su vida, en lo que pudo y se dejó. Como tantos otros jóvenes de las películas de los ochenta, protagonistas de ficción engullidos por los monstruos de la realidad.

http://cineconsentido.blogspot.com.es/2011/12/pedro-cid-eloy-de-la-iglesia-y-jose.html

jueves, 14 de marzo de 2013

José Luis Fernández Eguía, El Pirri (segunda parte)

Aquí van unas cuantas imágenes para vosotros :)

Tras el frenesí profesional de 1985, hay un año en el que no participa en ninguna película (¿¿estaría haciendo la mili??, durante el rodaje de Sé infiel y no mires con quien aparece con el pelo corto debido a ésto), y reaparece en 1987 con sólo un breve cameo para La estanquera de Vallecas. En 1988, el mismo año de su fallecimiento, todavía tiene un pequeño papel en la comedia El juego más divertido

Pero Pirri no estaba contento con su vida. Estaba enganchado a la heroína (según sospechas de Gonzalo Goicoechea durante el rodaje de La mujer del Ministro) desde que tenía 16 años. No era más que un crío, pero el error ya no tuvo marcha atrás; la caída al infierno fue lenta pero inexorable. 


Su pandilla del barrio colaboró activamente en su hundimiento, sea por envidia o por maldad. Los que le apreciaban (su abuela, Gonzalo, Tola...) lo advirtieron e intentaron persuadirle y animarle para que dejara las compañías que le perjudicaban. Gonzalo Goicoechea conoció a uno de ellos (comentó de él que "tenía mirada asesina"), que además fue el protagonista de muchos de los primeros planos de chutes en vena en El Pico, trabajo por el que, naturalmente, cobró.


Con el mono llegaron también los líos con la policía y los delitos. Llegó al punto de robar lo poco que entraba en casa, para desesperación de su abuela. En total, acumuló cinco detenciones. Además solía protestar cuando los guardias lo detenían y ello le acarreó todavía más problemas. El último incidente acaeció el 5 de julio de 1987, cuando en confuso suceso un amigo de los denominados "malas compañías" y él, presuntamente, pidieron a dos jóvenes en el metro que les dieran lo que llevaban encima. Otro pasajero avisó a los guardias jurado, y cuando se presentaron su amigo consiguió escabullirse. A Pirri no le encontraron nada de lo robado encima, e iba desarmado, pero parece que insultó a uno de los guardias jurado, y por ello le pegaron. Estuvo en la comisaría de Tetuán durante 24 horas, durante las cuales, muy decaído, intentó cortarse las venas con el cristal de unas gafas. Tras declarar ante el juez, se ordenó que ingresara en Carabanchel, y en este punto las noticias de la época son imprecisas; algunas dicen que estuvo 15 días en prisión, otras que tres meses. Me pregunto si quizás estaba bajo fianza y hasta que ésta fue depositada, estuvo internado 15 días de los tres meses que podrían haber sido de no haber conseguido reunirla. 


Su menor presencia en la gran pantalla su último año de vida no conllevó su desaparición en los medios, muy al contrario: participó en radio (Toladiario) y en televisión, con el fallecido García Tola, de lo que se recuerdan principalmente sus personalísimas críticas de cine en Querido Pirulí (era él, tal cual, hablando en argot callejero sobre las películas de cartelera). Sólo he encontrado un brevísimo corte que hay en Youtube y que os pincho a continuación. A estas alturas, al fin había ido al dentista y se había colocado la pala que le faltaba desde que tenía (como mínimo) doce años. Al menos, en La Estanquera de Vallecas, El juego más divertido y Sé infiel y no mires con quien aparece con todos los dientes.


Era consciente de que tenía un problema, y en varias entrevistas de la época reitera su necesidad de tener un trabajo "Lo que quiero es tener un trabajo, ¿me entiendes?; eso es lo que quiero. Tener algo de dinero para no estar en la calle todo el día. Porque cuando andas por ahí vas y te metes en lo que no quieres." El caso es que al poco de esta última detención conoció a Charo, una peluquera de 20 años, y su actitud cambió. En ese último año no volvió a delinquir ni meterse en problemas. Por aquella época Tola y su equipo advirtieron que el chaval llevaba rozaduras en los pies y las zapatillas destrozadas: la razón era que todos los días hacía andando el recorrido desde su casa en San Blas a los estudios de la cadena Ser, en la Gran Vía, para "hacer tiempo y no pensar en otras cosas". Le ofrecieron grabar un anuncio contra la droga, y él decía que desde que conoció a su chica lo había dejado. Estaba deseando comprarse una moto para "quitarse de la calle y moverse con su pibita". Pasaba en el barrio el menor tiempo posible, ya que la policía lo paraba a menudo (ya lo conocían, y hay que recordar que por el mero hecho de ser sospechoso, en aquella época todavía podían retenerte en comisaría dos o tres días sin darte ninguna explicación, y con unos cuantos golpes de regalo), y se iba a Fuencarral, donde vivía Charo.


Se le ve una notable diferencia física entre las películas rodadas en 1985 y La estanquera de Vallecas o El juego más divertido. No es sólo que fuera ¡al fin! al dentista, si no que deja de ser un esqueleto ambulante y coge unos cuantos kilos. Su abuela también comenta que está muy bien, que ya no se droga. Él mismo declara para El País Semanal: "Desde pequeñito empecé a probarlo. Luego, sin darte cuenta, estás enganchado. Hasta que vi que eso no era plan. Estaba hecho polvo y me encontraba fatal. Y luego, mis abuelos, siempre amargados, siempre sufriendo por mí. Todo lo contrario a lo que veo ahora. Es que la droga te guía todo. No eres persona. Quien esté en esto y diga que es persona, miente".


Puede que bajara el ritmo, pero probablemente no lo había dejado del todo. Tras su muerte, Charo declara que todavía estaba enganchado. En la mañana del 10 de mayo de 1988, un conductor avisó de que en la carretera de Vicálvaro a San Blas, en un descampado junto a una gasolinera, estaba tirado el cuerpo de un muchacho. Estaba lleno de arañazos y golpes. La jeringa todavía le colgaba del brazo, y tenía una papelina de heroína en la mano y un par más sobre el pecho. Se reclama una investigación, ya que las circunstancias son como mínimo sospechosas. Eloy de la Iglesia exige que se investigue su muerte en un periódico. Sus allegados no se creen que haya muerto por sobredosis, y menos en el estado en que se hallaba su cuerpo y tras la notable mejoría que había conseguido durante su último año.


Pero la investigación quedó sin concluir, y la versión de la policía fue que Pirri murió la noche del 9 de mayo en algún tugurio, o en la casa de algún amigo, y muerto o medio muerto, lo trasladaron al descampado donde fue encontrado y lo dejaron allí tirado. La autopsia reveló que no murió de sobredosis, como se dijo en un principio, si no por una dosis adulterada que le produjo un fallo respiratorio. Tenía tan solo 23 años; vivió, como reza la película de Saura "Deprisa, deprisa". El juicio de la detención de julio del año anterior estaba a punto de salir, y la fiscalía pedía para él dos años de cárcel.

José Luis Fernádez "El Pirri", para todo aquel que quiera visitarlo, está enterrado en el Cementerio Sur de Madrid, Sección 4, letra A, número 231.

Descanse en paz uno de los más auténticos, más luminosos y más divertidos actores que ha dado el cine español.

(Y si te perdiste la primera parte, pincha aquí)

miércoles, 6 de marzo de 2013

José Luis Fernández Eguia, El Pirri (primera parte)

Bueno, bueno. Antes de nada, debo decir que esta entrada se prepara difícil. Lo primero de todo, por la tremenda debilidad que siento por este actor. Lo segundo, por la sangrante escasez de información acerca de él, pese a que rodó no pocas películas y en su momento alcanzó una, digamos, efímera fama. También advierto que esta narración no va a ser totalmente lineal, puesto que habrá anotaciones sueltas, saltos en el tiempo y reflexiones. Y, como recompensa a mi ardua labor de investigación, he conseguido algunas fotos  que no están en la web, lo que considero un privilegio por la escasez de imágenes suyas que han quedado. ¡Que las disfrutéis! :)

José Luis nació en Madrid el 19 de febrero de 1965, en las casitas del barrio de Pan Bendito. Allí uno de sus tíos le puso el apodo que le acompañaría el resto de su vida, "Pirri", porque le gustaba mucho jugar al fútbol y lo hacía con la camiseta blanca y el número 4, que en aquella época llevaba ese jugador del Madrid. Siendo todavía pequeño, su madre abandonó a su marido, quedándose las dos hijas pequeñas de la pareja con ella y nuestro protagonista con la familia de su padre. El cabeza de familia consiguió rehacer su vida con otra mujer, y José Luis quedó principalmente a cargo de sus abuelos paternos, en Canillejas. Tanto su padre como su abuelo eran gente de familia muy humilde (su abuelo se dedicaba a recoger cartones en la calle).


Vivían en uno de los pisos de la Obra Sindical del Hogar de la calle Lucano, en la zona de Canillejas perteneciente al barrio de San Blas. Fue uno más en la horda de chiquillos, carne de cañón, que poblaban los suburbios en aquellos años (y en concreto San Blas, el barrio con más población joven de todo Madrid), fruto del boom demográfico de los 60. Contaba Pirri 13 años, cuando Gonzalo Goicoechea (guionista de las películas de Eloy de la Iglesia) buscaba por el extrarradio de Madrid muchachos para la película de Navajeros. Pirri acababa de robar un paquete de tabaco y escapaba a la carrera del dueño del estanco cuando topó con un grupo de chavales de su edad y se escondió entre ellos. Los pasaron a una sala y empezó a protestar para que lo dejaran salir de nuevo. Llamó inmediatamente la atención. "Si te estás quedando conmigo, mira que te busco y te doy un curro", fue la respuesta del chiquillo cuando lo propusieron para el casting. Lo hizo tan bien que Gonzalo pensó en él como protagonista para la película, pero Manzano, aún careciendo de la gracia personal de Pirri, resultó mejor actor. Aún así, le dieron un papel, y los dos "José Luis" se conocieron. Pese a lo que se dice, no se hicieron grandes amigos en aquel momento, pero posteriormente las circunstancias y las películas los unieron una y otra vez, y con el tiempo, simplemente, no pudieron evitar serlo. Ninguno de los dos era delincuente entonces, solo chavales de barrio. También participa en la cinta Enrique San Francisco. Los tres, que coinciden por primera vez, se convertirán en habituales del género.

Más directores de cine buscaban chicos que resultasen creíbles en el papel de muchachos marginales. Su cara peculiar, sus palas partidas y su jerga barriobajera le impulsaron como un cohete, rodando un total de 12 películas, que se dice pronto. Poco después de su intervención en Navajeros (1980), le dan un papel de mayor protagonismo en la película Maravillas (1981), de Manuel Gutierrez Aragón, en la que se mide de nuevo con Enrique San Francisco y tiene varias escenas míticas:



El mismo año rueda La mujer del Ministro. Para entonces ya es, cinematográficamente hablando, el representante del proletariado marginal, papel del que no consiguió librarse. Tras ellas, llega la mítica Colegas (1982), y en 1984 interviene en The Hit (La venganza), coincidiendo de nuevo en ambas con Enrique San Francisco, y rueda en otra memorable, El Pico II. En 1985 participa nada menos que cuatro películas: La reina del mate, Caso cerrado, Sé infiel y no mires con quién y De tripas corazón, que es la única de su carrera en la que tiene el papel protagonista. Si os gusta este actor, no podéis perdérosla, se luce hasta que te duelen los ojos (y los oídos, por descontado) :). Por otro lado, la película tiene el añadido divertido de que, sin carnes y sin dientes, lo ponen en el papel de golfo conquistador. Y como curiosidad, decir que no pudo asistir a la presentación de la película en Barcelona porque un coche lo atropelló y tuvo que quedarse con la cabeza vendada en Madrid.


Si de pequeño lo suyo era el fútbol, con los años pasó al flamenco y a la velocidad, en especial las motos. He leído que la pala partida fue "fruto de sus aventuras con los automóviles", pero se menciona de pasada y no he encontrado más información al respecto. La familia comenta sin embargo que en casa dijo que se había caído, sin más. Según las personas que coincidían con él en los rodajes, era "el típico macarra que cae bien", "muy formal y muy divertido". Los directores señalaban que era un actor consumado, que se aprendía no sólo su papel, si no el de todos los actores, el guión completo, y muy rara vez necesitaba repetir una toma o un doblaje. Tola lo definió "afable, divertido, serio y entrañable", así como un profesional impecable. Todo el equipo de su programa le tenía mucho cariño, y su muerte fue un golpe. Le dedicaron un programa especial que no he podido encontrar, supongo que en los archivos de RTVE sí que estará, no sé si será posible acceder a ellos.

El Pirri en una escena de la película "La reina del mate"

En otras ocasiones he comentado con conocidos: ¿por qué siempre le daban las mejores frases del guión? Tras unas cuantas películas, descubrí que no es que fueran las mejores frases del guión; él las hacía las mejores. Las hacía memorables. Impregnaba con su personalidad los papeles que representaba, y desde el primer momento resultó ser uno de esos luminosos secundarios robaplanos. Por otro lado, el tándem Manzano-Pirri que utilizaron en muchas películas, fue un completo acierto, ya que era el contrapunto divertido a la siempre atormentada aura de Manzano.

(continuará...)
(Si quieres ver la segunda parte, pincha aquí)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Las Leyes de la Frontera

Recomendado por un compañero bloggero, el libro de Javier Cercas Las Leyes de la Frontera es una hermosa y cruda historia acerca de cómo la elección de tu destino y que la suerte esté de tu parte (bien para alcanzarlo o bien para salvarte de él) están tan íntimamente ligadas que varias personas que en determinado momento juegan un papel similar pueden llegar a tener un final totalmente distinto. Por una palabra, por un gesto, por un tropezón. Por compasión o por un padre. Puede que por un conjunto de casualidades. O quizás por nada en particular. 

Aunque la trama gira en torno a un delincuente ficticio e irredento (el Zarco) elevado a la categoría de mito (a modo del Vaquilla) y una muchacha del grupo (Tere), el epicentro del relato es un chico de clase media (Ignacio Cañas, el Gafitas) al que la inseguridad de la adolescencia y algunas circunstancias aleatorias le llevan a conocer a una pandilla de quinquis (hijos de inmigrantes del campo que viven en la indigencia en la ciudad), a buscar su compañía y a seguir sus correrías, con el sentimiento de invulnerabilidad que experimentamos a esa edad. Con el conocimiento de que que pasan cosas malas, pero con la seguridad de que siempre es a otros. Se forma entre ellos una peculiar amistad (y un singular enamoramiento) que le marca profundamente como persona.


Es también la historia de tantas y tantas familias de inmigrantes rurales y analfabetos que llegaron a la ciudad buscando un futuro mejor y vivieron en la pobreza más absoluta en la recién estrenada democracia. Y la historia de tantos y tantos de esos niños miserables que caminaron con claridad y firmeza hacia el desastre sin que nadie se molestara (o acertara) en evitarlo. La llamaron "La Generación Perdida". Perdida, sí: entre rejas o bajo tierra.

"Deja esto. Ábrete, tío. Ya has visto todo lo que tenías que ver, esto no da más de sí, ¿no te das cuenta?. Más pronto que tarde nos pillarán (...). Nosotros no tenemos donde elegir, solo tenemos esta vida, pero tú tienes otra. No seas gilipollas: déjalo."

"No se engañe: Él no tuvo ninguna oportunidad. Ninguna. Nosotros se las ofrecimos todas, pero él no tuvo ninguna.(...) ¿Qué oportunidades de cambiar tenía un chaval que nació en una barraca, que a los 7 años estaba en un reformatorio y a los 15 en una cárcel? Yo se lo diré: ninguna. Absolutamente ninguna."

Ambientada fuera del más duro "periodo quinqui", evidencia la incredulidad de la policía en los 70, cuando la delincuencia juvenil todavía apenas sí despuntaba, para después dejar un paréntesis de ausencia en el boom  salvaje de los 80 y pasar directamente a los 90, década en la que de nuevo la vida propicia un reencuentro de algunos de los personajes, 20 años después, cuando ya pocos de los muchachos de aquella época quedan, ni libres ni vivos.

Sin rencor, sin acusaciones, en la piel de un escritor que se documenta para un libro hablando con los protagonistas de la historia, se menciona la manga ancha con la que contaba la policía a la hora de actuar con los detenidos en comisaría. También deja patente la ineficacia de la justicia de la época para encauzar el problema y reinsertar socialmente a los muchachos que con 16 años daban con sus huesos en las cárceles, con condenas quizás no muy largas para un hombre maduro, pero para los que los tres o cuatro años que les caían por un atraco eran suficientes para hacer la transición de niños-adolescentes necesitados de orientación y futuro, a hombres endurecidos y sórdidos, tras la convivencia con delincuentes y drogadictos adultos. Hombres jóvenes que no habían conocido más vida que la delincuencia y la prisión, mucho más difíciles de readaptar. Eran, en cierto modo, condenas de por vida. "Yo pasé por el trullo, pero el trullo pasará por tí, te pasará por encima", le advierte uno de los protagonistas a otro.

Como curiosidad, decir también que se han utilizado algunos detalles accesorios que se asemejan sorprendentemente a cierta historia real. Me refiero a un director de cine homosexual que se hace famoso con una saga de películas quinquis, enamorado de su estrella (al que se rumorea que adopta legalmente) y finalmente perdido en las drogas (si bien el que tengo en mente sobrevivió a la tormenta).


Debo disculparme: tal y como ha transcurrido este post, parece la simple y romántica historia de un delincuente juvenil,  llena de idealismo y victimismo social. No lo es en absoluto. Es compleja, matizada y desequilibrada, irregular y parcial como lo son los personajes, que sufren por ello todas las consecuencias humanas de sus propios miedos, anhelos, triunfos y fracasos.

Quizás las únicas certezas que quedan tras el relato son, por un lado, que hay hechos de nuestra vida que nunca conseguiremos comprender, dudas que nunca despejaremos, y personas que a pesar de ser profundamente íntimas para nosotros, jamás conseguiremos descifrar; y por el otro, que no existe la verdad (la absoluta, la indiscutible), ni existe un sólo punto de vista acerca de qué está bien (o mal), si tan solo nuestra versión del mundo. La de cada uno. Y esto, o lo que en determinado momento demos por cierto, por objetivo, por real, es lo que pasa a conformar nuestro recuerdo tanto como determinar nuestro futuro.

martes, 30 de octubre de 2012

Descarga de la película Navajeros

Os dejo el enlace a la película Navajeros, de Eloy de la Iglesia (1981), con José Luis Manzano como protagonista. Esta entrada me está trayendo de cabeza porque al canal de Youtube donde la subieron están eliminándole las películas y probablemente acabarán cerrándoselo. Cuando la he subido yo me han bloqueado también a mi. En fin, espero que con este enlace podáis verla y descargarla. Si tenéis algún problema no dudéis en informarme.

¡Espero que la disfrutéis! :)

http://www.shurweb.es/videos/colegas/



El canal que os comento en Youtube es éste, de Alejandro González:
https://www.youtube.com/feed/UCBkXFazfQCgUZfzp1cyMI0w/u

En él podéis ver casi todas las películas del género, aunque ya os digo que se las están borrando y no sé cuánto durará.


¡Un saludo!

miércoles, 3 de octubre de 2012

José Luis Manzano Agudo (segunda parte)

(continuación...)

En 1987 rodará su última película, La estanquera de Vallecas. Vuelve a ser un éxito y posiblemente es la más recordada de este género, en parte por su carácter de comedia de sobremesa. Nuevamente José Luis se luce en el papel, aunque físicamente ya se le ve algo desmejorado. El argumento consiste en el intento de atraco por parte de un albañil en paro y un macarrilla a un estanco con una dueña de órdago, en el que por supuesto nada sale como debiera. Es una película entretenida y con puntos muy divertidos, aunque entra en la clasificación de "drama". Es bastante castiza también. Trabajan en esta película Emma Penella, Fernando Guillén, José Luis Gómez y una jovencísima Maribel Verdú, que dicho sea de paso, junto con Enrique San Francisco, son los supervivientes que quedan de los actores del género quinqui (si bien Enrique podría decirse que estuvo a punto de no contarlo tampoco).


Tras esta película, la vida personal de Manzano se desmorona. Eloy se ve obligado a dejar el mundo del cine, completamente superado por su adicción a la heroína, hasta el punto de perder la relación con todos sus conocidos y huir de Madrid, abandonando a José Luis en Madrid. José Luis Fernandez Pirri es encontrado muerto en un descampado en la primavera 1988. Él mismo está tan enganchado que su matrimonio con una joven que conoce durante el rodaje de La Estanquera de Vallecas apenas dura unos meses.

Se suma a su desgracia la campaña de "limpieza" que se siguió en los medios de comunicación estatales y que denunciaron importantes profesionales como Gonzalo Goicoechea: [...] en PRISA aplican sin piedad una política no escrita y que negarán – no es zorro el [Juan Luis] Cebrián-: nadie que haya tenido problemas con las drogas puede ser contratado bajo ningún concepto [en ningún medio de comunicación dependiente del Grupo Prisa]. Debe referirse la norma a los exheroinómanos, dada la cantidad de cocainómanos y alcohólicos que trabajan para LA MÁS PODEROSA. Son notorios los rumores y denuncias acerca las relaciones entre las instituciones públicas y el tráfico de heroína (se acusa al gobierno y a la policía de utilizar la droga como elemento de control de masas, especialmente de las bandas de jóvenes delincuentes que proliferan como setas), y el gobierno, que en esta época todavía subvenciona el cine y la televisíón, se esfuerza por retirar de la vista todo y a todos los que supusieran una vinculación o nos hicieran recordar el pasado, deprisa y en silencio.

Así pues, José Luis, terriblemente adicto a la heroína, sin su padrino Eloy y sin nadie que le ofreciera una posibilidad para seguir trabajando en el cine o la televisión, lo perdió todo y pasó, literalmente, a dormir en la calle y mendigar. A partir de este momento, la vida le da muy poquitas oportunidades, y por desgracia fue totalmente incapaz de salvarse de sí mismo. Un cura de Getafe llamado Pedro Cid lo reconoce en la calle y lo introduce en un programa de ayuda a drogodependientes. Ramón Colom le consigue un trabajo de becario en la productora Spinto TV. Con este apoyo, durante 1990, José Luis se recupera notablemente de su adicción a la heroína, aunque la cocaína, fruto del speedball en el que entraban muchos heroinómanos, se convierte en su nueva pesadilla. También está psicológicamente hundido, consecuencia natural de la deshabituación: su cerebro ya no produce los químicos que nos producen alegría.

En junio de 1991 José Luis busca un camello que le pueda pasar algo de cocaína. Encuentra a otro drogadicto que le ofrece llevarle, pero en el camino éste individuo atraca a un peatón, que resulta ser además guarda jurado. José Luis no se implica en el suceso, hecho reconocido tanto por la víctima como por la policía, pero a pesar de esto y de no tener antecedentes, recibe un castigo ejemplar y es condenado a 18 meses de cárcel, primero en Carabanchel y después en régimen abierto en Yeserías. Este fue el mazazo definitivo para el frágil estado mental y la vida de Manzano. En la cárcel, conviviendo con un enorme número de drogadictos, vuelve a caer en la heroína, y esta vez ya no conseguirá superarlo.

A punto de salir de prisión, concede una tristísima entrevista a Interviú pidiendo a todos aquellos que estuvieron a su lado cuando era un actor de éxito, que le den una oportunidad para volver a trabajar, para volver al cine. Pero nadie se la dio. En enero de 1992 sale de la cárcel y entra en un sanatorio de Móstoles para tratar de desintoxicarse de nuevo, con el único apoyo de su madre, Pedro Cid y el periodista que lo entrevistó en la cárcel. Sin embargo no consigue adaptarse al estricto régimen y a la soledad del centro, y llama desesperado a Pedro Cid para que lo recoja. Cuando el cura ve el mensaje, horas más tarde, llama a la clínica, donde le informan de que José Luis ha abandonado el centro.




Manzano se refugia en uno de los pisos propiedad de Eloy de la Iglesia en Madrid, en la calle Rafael del Riego. Es allí donde el mismo director lo encuentra, el 20 de febrero de 1992, sentado todavía con una jeringuilla clavada en la rodilla. José Luis tenía entonces 29 años. Eloy, horrorizado y fuera de sí, avisa a la portera para que llamen a una ambulancia y huye del lugar escondiéndose en casa de un amigo hasta que es reclamado por la policía. Dos días después Manzano fue enterrado en Madrid. Los servicios sociales se hicieron cargo de la sepultura. En 2002, por impago de la renovación, sus restos fueron incinerados y depositados en la fosa común.

Y así, José Luis Manzano Agudo fue definitivamente arrojado al olvido.

José Luis Manzano y su padrino Eloy de la Iglesia, en casa de éste, justo antes del estreno de su primera película (y su primer éxito): Navajeros.
Las personas que lo conocieron afirman que pese a sus problemas, era un hombre sencillo, humilde y de buen corazón. La verdad es que su cara es de buena persona. Así es como quiero recordarlo yo: joven, cándido, ilusionado planeando el futuro, estrenando proyectos, y todavía libre de la esclavitud de la droga.

Gracias, José Luis.